Percentiles fetales

imageMe está costando mucho sentarme a escribir y no precisamente porque esté sufriendo en silencio un ataque de hemorroides (crucemos los dedos) sino porque el ritmo de los acontecimientos me supera.

Como muchas de vosotras estoy haciendo doble seguimiento del embarazo. Quería parir con mi ginecológo de siempre en un hospital privado pero las cosas se empezaron a torcer y ahora tambien me visitan los especialistas de La Maternidad (un hospital público de referencia en Cataluña). Tengo visitas allí con el otro ginecólogo, con la comadrona, con el especialista en crecimiento fetal, con el especialista en ecocardiología y con el endocrino… Dice el refrán que ven más cuatro ojos que dos, pero es que a mi me observa toda la plantilla de Telefónica.

Así que, entre unas cosas y otras, cada semana tengo entre tres y cuatro visitas, que ya entro por las mañanas por la puerta del hospital saludando como si trabajara allí de toda la vida. La semana pasa me hicieron un control para ver si la canija había crecido. En la visita anterior nos enteramos de que tenía un percentil 4 y eso en términos de bebes es como ser el representante guineano de ski transalpino en las olimpiadas de invierno. Total, que este lunes (pasadas dos semanas) me tocaba otro control para evaluar si la canija crecía o tenían que empezar a buscar motivos patológicos.

Yo iba cagadita a la visita porque en estos casos siempre te pones en lo peor y como diría mi abuela: “internet es muuuu malo”. Estaba tan estresada que sin darme cuenta me senté en la única silla libre que había en la sala de espera rodeada de un clan gitano. A los diez minutos empezaron a llegar más y más gitanos y a incluirme en las rodas de besos y abrazos. Ahora me pregunto si me besaban porque me confundían con una prima lejana (lejana y muy paliducha) o porque yo traía una cara de entierro que no cabía por la puerta. Despues más de una hora de espera en el que rechacé un trozo de tortilla de patatas y unas rodajas de chorizo (más por verguenza que por falta de ganas, que la tortilla olía a gloria bendita) me hicieron mi correspondiente ecodoppler. ¿El resultado? Un fantástico 22 que ha devuelto a mi canija a la “normalidad” y que, si bien es cierto no llega al deseado 50, yo viví como si la canija hubiera ganado el premio nobel de física.
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Y digo viví y lo hago en pasado porque esta semana (recordemos que la canija estaba en percentil 22 la semana pasada) me tocaba hacerme la ecodoppler con mi ginecologo privado y… Chan chán: Percentil 9.
A ver, que alguien me lo explique. ¿Lo de los percentiles es tan variable de una semana a otra o es que lo calculan tirando dados como si fuera una partida de rol? Yo, por lo pronto, he dejado de preocuparme. No sirve de nada. La alimentación fetal se produce a través de la sangre y el oxigeno que el bebé recibe de la placenta. Y que yo sepa, no puedo mejorar mi placenta por mucho que me empeñe. Por cierto, en tres semanas que vuelvo a tener visita para controlar el percentil. ¿Qué creéis que pasará? Hagan juego señores!!!

P.D. La próxima vez no rechazo la tortilla, “lo juro por mis muertos”.

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